
sábado, 14 de mayo de 2011
Mircea Eliade dice sobre Marx y Buda

viernes, 8 de abril de 2011
Sólo para gardelianos de José Gobello
(Un texto de Gobello sobre Gardel)Escribió Quinto Horacio Flaco al comienzo de su tercera Sátira: “Todos los cantores tienen este defecto: cuando están entre amigos, aunque se les ruegue, nunca se deciden a cantar; cuando no se les pide, no hay manera de que callen”.
Juan Carlos Marambio Catán cuenta en sus memorias (60 años de tango, Freeland, 1973, p. 155) que una tarde de 1924, a pedido de José Razzano, fue al departamento que este tenía sobre la calle Suipacha entre Lavalle y Tucumán, vereda oeste, para pasarle a Gardel el tango Príncipe, de Anselmo Aieta y Francisco García Jiménez, que él había estrenado.
Dice que cuando llegó, “ya estaban Razzano, Gardel, el Negro Ricardo, Barbieri y el Negro Vives (este fue un permanente colaborador de Gardel-Razzano, nadie se acuerda de este eficaz ejecutante del bandoneón y la guitarra”.
Y agrega: “La reunión se transformó en una tertulia de bulín, se contaron cuentos, se mateó, copas, chistes, en fin, después de un rato recién iniciamos el trabajo que nos reunía. Canté el tango, escuchaba atento, mientras Ricardo y Barbieri iban siguiendo buscando tonos y tratando de retener la melodía, pero indudablemente que era un poco dificultoso porque es un tango que en realidad en esa época resultaba un poco raro por su estructura, de modo que después de un rato quedamos de acuerdo en que yo le mandaría a Gardel una parte de piano y en esa forma podría darle una interpretación exacta a la obra”.
“Cantó Razzano y cantó Gardel algunas cosas con un entusiasmo real, porque este hombre cuando estaba en una reunión de bulín ponía el mismo calor que si estuviera ante un público que había pagado la entrada”.
“Ese día recibí una sorpresa, el gran cantor me dijo casi al final de la reunión: ‘Escuche, Catán, la última novedad que tengo’ (en aquella época no se usaba con tanta asiduidad la desagradable costumbre actual del tuteo indiscriminado), y me empezó a cantar una verdadera joya que sobrevive a través de los años, Silbando. Cuando terminó, lo felicité sinceramente y me dijo: ‘Hagáselo pasar con Barbieri. Este tango puede echárselo al hombro y caminar mucho tiempo con seguridad de éxito donde lo cante’”.
José Gobello
José Gobello se refiere al conchero

ACERCA DEL CONCHERO
El primer cometido de la Academia Porteña del Lunfardo consiste en registrar los cambios que se producen en el habla de Buenos Aires. Los más frecuentes son, me parece, los del léxico, y, mal que mal, en nuestras mil setecientas comunicaciones se anotan y analizan no pocos de ellos.
Una de las voces que se han incorporado en nuestra compleja y abigarrada coiné porteña es conchero. La escuché, hace pocas semanas, de boca de una linda rubita que la repitió varias veces con un mohín falluto desde la pantalla de televisión. Poco después me llegó nuevamente, desde el receptor radiofónico, pero en la voz de una importante comunicadora de buen discurso, que la repetía eufórica y jubilosa, tal como Arquímedes debió de repetir “eureka, eureka”.
Conchero ha dado en llamarse a un escueto y suntuoso triángulo de tela que se aplica sobre la parte exterior de la vagina –que en turpiloquio se llama cariñosamente cachucha o cotorra, y, más grotescamente, concha– en tanto el resto del cuerpo queda a la vista. De concha procede conchero. El doctor Conde, por varios cuerpos el mayor lunfardólogo a mano, recuerda que esa denominación metaforiza el español concha ‘cubierta de los moluscos’. La concha está compuesta por dos valvas, y este término, como quiera que fuere, es parónimo de vulva.
El conchero (ignoro su nombre argótico) fue traído junto al top-less por las niñas del Folies Bergère. Así ha tenido la bondad de recordármelo don Rómulo Berruti, profundo sabedor de cuanto atañe al fascinante territorio de las bambalinas. Recuerdo la presentación del Ópera, en 1954, pero más aún recuerdo a una de aquellas señoritas, Xenia Monti, que poco más tarde se presentó en el Maipo. Por supuesto, llevaba un conchero luminoso: tenía un cuerpo bellísimo y escamotearle un solo centímetro de su piel a la ansiedad de los espectadores habría sido una defraudación imperdonable.
Concha es término del pueblo bajo de Buenos Aires, cargado de arrogante obscenidad. Quienes busquen una prueba de ello solo deben leer el coplerío prostibulario que recogió el antropólogo alemán Robert Lehmann-Nitsche por los quecos de la Ensenada a fines de la década de 1911.
Para acreditarse como voz lunfarda, conchero no tiene más que argüir su origen. En cuanto a si es mala palabra o no lo es, insisto en que las malas palabras no existen, contrariamente a lo que pretendía el gran Ángel Rosenblat, porque ninguna es tal fuera de su contexto. Pero si no hay malas palabras, hay, en cambio, palabras sucias –como mierda–, palabras feas –como escuerzo, italianizada por Canaro para llegar de rospo al tango arrespe de Tita–, palabras bellas –como alhucema–, dulces, como arrullo, y horribles, como estupro o pudrir.
Cuando no existía el conchero, tampoco existía su nombre. Nélida Roca –según me informa don Rómulo–, aunque ya tenía años en el escenario, no lo usó nunca. Prefería prendas más escondedoras o tal vez más abrigadas. No dudo de que, antes de mucho tiempo, se convertirá en un tecnicismo; habrá pasado a la tecnología del bataclán. A mí todavía me suena chocante, pero ya se me va a pasar.
José Gobello
miércoles, 23 de marzo de 2011
Valor de Ley de los Coen, una joyita

El western verdadero tiene una épica que no se rebaja a perversiones. Estoy tratando de recordar alguna película donde se desbarate este principio y, creo, que ni el spaghetti western, una versión europea del género madre, recurre a la depravación.
La pregunta es que considero yo por perversiones o depravaciones. Es sencillo todo aquello que se sostiene fuera del coraje y, algo que hoy se nombra mucho, quizás porque nadie respeta, los códigos. Hasta los malvados tienen códigos, sus códigos por supuesto, que antes de quebrarlos prefieren hundirse en una nube de balaceras.
En ese sentido, la película de los hermanos Coen, Valor de Ley, es un ejemplo perfecto de lo que digo. Lo que mueve a los personajes en ese terreno donde la ley, la fe y hasta la ética parece lejanísima y perdida, se mueven sin embargo dentro de una serie de principios más valiosos, que cualquier normativa social.
Me parece haber visto hace tanto el film en que se basa en esta remake que no la recuerdo, pero algo interesante que hicieron los Coen fue lograr que Jeff Bridges, el caza recompensas que contrata la nena de 14 años para encontrar al asesino de su padre, se parezca a John Wayne. Y si uno ve sólo el trailer de la primera versión de 1969, advierte que hicieron un trabajo de transcripción preservando los momentos más conmovedores del film. El cruce del río de la chica a caballo y el enfrentamiento final (a caballo por supuesto) del viejo Cogburn contra cuatro hombres al mismo tiempo.
Quizás la chica del 2011 no sea tan aniñada como la del 1969, pero lo mejor de esta remake es haber conservado también la ingenuidad de su inspiradora, sin agregarle vueltas de tuercas que no mejoran, ni tampoco remozan la historia si no la traicionan.
viernes, 25 de febrero de 2011
Balada Triste de Trompeta- De Alex de la Iglesia
Que suerte que uno no ejerce el oficio de crítico de cine con una película como Balada triste de trompeta, de Alex de la Iglesia, porque no me gustaría dañar a un director que admiro.
Los diez primeros minutos, quizás un poco más, sentí estar frente a la obra maestra de Alex de la Iglesia, pero, de pronto vi, frente a mí, como la película se desbarrancaba y caía hasta volverse más absurda de lo que pedía el tema, y no se recuperaba más.
Si el comienzo me pareció la imagen más impactante, síntesis perfecta de la Guerra Civil Española, comparable a Los Fusilamientos de la Moncloa de Goya, o el Guernica de Picasso, en cierto momento la película parece volverse una caricatura de sí misma que no alcanza a sorprender y deja de conmover.
La entrada de los republicanos buscando gente para pelear, el chico que despide al padre y el León suelto a un lado de la pista, auguraba lo mejor. Enseguida el ataque a los franquistas del payaso desbordado, su cárcel y los fusilamientos. Incluso ya en los 70 cuando el muchacho va a trabajar al circo la cosa funciona de maravillas, pero algo se descarrila en la película en el momento en que, el director guionista con ánimo de acelerar las acciones, le impone un ritmo que termina por dejar de a pié al espectador.
El film es un gran símbolo de lo pasado a los españoles. De aquello que todavía se siguen preguntando y, creo, no terminan de entender por qué ha ocurrido. Esto lo comenzaron a expresar otros cineastas españoles, como Saura en La Caza, García Berlanga en La Vaquilla, Erice en el Espíritu de la Colmena, diría que el mismo Alex de la Iglesia lo hizo, y muy bien, en Muertos de Risa, y debe haber cientas más de películas, de mayor o menor calidad e impacto emocional. (Ahora me viene a la memoria, La Lengua de las Mariposas.
Pero este film que de entrada no le huye a los símbolos, al contrario los amontona hasta la exasperación, pareciera que hasta se burla de las metáforas y como si fuera necesario mete historia franquista por todas partes, pero, ¡qué pena!, le sale mal.
Antes de seguir, quiero confesar que los circos no me gustan y menos aprecio le tengo a los payasos. De este mundo, en el mío, cabe una excepción: sigo siendo un admirador y fanático de Gabi, Fofó y Miliki, los únicos payasos que ya grandecito veía en la televisión, sobre todo de Fofó un músico y comediante increíble, que era el centro de ese grupo de cómicos y ya nada fue igual sin él. Justamente el payaso valiente del comienzo, si no me equivoco es Fofito. Pero los payasos de cabeza de huevo y pintarrajeados, la doma de leones, los equilibristas y otros peligros circenses, nunca me gustaron o los miro como uno le hecha una mirda rápida a un rostro deformado. Pero no niego que los payasos son una fantástica exageración de la realidad. Algo que el Gran Fellini demostró en su documental para la televisión inglesa: The Clown.
Pero Iglesia a esta exageración, a la brutalidad de los payasos, parece agregarle también un homenaje a las película española mencionada arriba. Hay una caza en que un payaso es utilizado de perro de caza y termina por morder la mano a Franco, hay un hombre escondido viviendo como un monstruo, como el Espíritu de la colmena. Se dirá que de buscar homenajes se puede decir cualquier cosa, pero, si la escena final en el Valle de los Caídos no es hitchcockiana, ¡qué me lleve la tormenta!...Y por supuesto el final, casi el mensaje (como se decía en los 70) es puro Oscar Wilde: al final el hombre mata aquello que ama. Y la verdad, por el cambio de tonos del absurdo, al grotesco y del grotesco a la ironía y así hasta llegar a un tono operístico que no da la nota, creo que Alex de la Iglesia en esta película se equivocó. Si me apuran, creo que en Muerto de Risa, dice más sobre el drama español que este film.
domingo, 14 de noviembre de 2010
El juego de Arcibel (Edición digital) en Amazon.com
Tanto dolor que hace reír. Luis García Berlanga
Se ha muerto quien a mi gusto mejor ha sabido reírse de las tristezas y miserias de la vida. Buñuel tenía humor en su situaciones burlescas pero no era la materia prima con la que se valía para armar sus "misterios religiosos", en cambio Berlanga sabía izar la ironía y llevarte sobre las olas hasta descubrir nuevos continentes. Sólo enumerar tres de sus películas lo ubica en la historia del cine entre los maestros dignos de llevar aureola: Bienvenido Mister Marshall, El Verdugo y Plácido. Esta última, me entero hoy, fue nominada al Oscar 1963, estatuilla que ganó ese año, 8 y medio, de Fellini. Visto ahora, a la distancia, no sé si te cambio una figurita de Plácido por, 8 y medio, sin que ésto se interprete como un menoscabo al gran Fellini, que tiene en su filmografía, sin dudar, las figuritas más díficiles y excepcionales de ese gigantesco álbum que es el cine. domingo, 12 de septiembre de 2010
Miren y envidien
domingo, 5 de septiembre de 2010
sábado, 21 de agosto de 2010
El juego de Arcibel (Edición digital) en Amazon.com
qué se trata la obra y, si le interesa, comprarlo; en este caso aprovecho para comentarle que si le intersa mi libro sale 8 dólares y creo que 4 libras en Inglaterra. - Se puede leer con la luz solar directa a la pantalla ya que no provoca resplandor.
- Las fuentes se han mejorado para poder leer las palabras con mayor nitidez.
- Mejor diseño
- Es todavía más liviana que sus modelos anteriores, aseguran que 15 % más ligera y pesa menos que un libro de bolsillo.
- Las baterías duran un mes.
domingo, 18 de abril de 2010
La última cena
Esta Última Cena que no cesa, y en la que los criados como católicos hemos participado de chicos, mientras otros ya adultos se siguen sintiendo convidados al banquete, se le debe reconocer la maravillosa brillantez como puesta escenográfica sagrada.Mi posición es un tanto soberbia, y quizás etnocentrista, pues deja de lado las manifestaciones religiosas de otras culturas que -seguramente- juzgaban el hecho sagrado que perpetraban para alcanzar la atención de sus dioses, como el mejor y más certero acto. Piénsese en los Mayas que desconyunturaban a chicos de ocho años, y luego de largas y coreográficas martirizaciones les arrancaban el corazón para brindarle energía a ese cosmos siempre hambriento. Pero salvando lo atroz del ejemplo, para ellos debió ser un momento cargado de una emotividad y sacralidad que nosotros sólo podemos juzgar como criminal.
Lo cierto es que la Última Cena de Jesús con los discípulos se repite desde ese día en cada misa, en cada iglesia, capilla y espacio donde un sacerdote, asumiendo el rol protagónico, convierte el pan en carne y el vino en sangre mientras los feligreses pasan por ser los discípulos de ese maestro. Lo único distinto a esa primera vez, quizás sea la ausencia de Judas Iscariote, papel que seguramente, en las primeras misas nadie quiso asumir y ese olfato fino de gran publicista que siempre tuvo la iglesia prefirió hacerlo a un lado.(Agregado en 2013. No hay caso el poder clerical me nubló la vista: Judas Iscariote somos nosotros, los feligreses; esa culpa que nos tiene atado como una bola de presidiario. No, si San Pablo supo cómo traer al redil a los esclavos, haciéndolos prisioneros de su propia carnalidad.
Este largo prólogo en realidad quiere llegar a expresar que el hecho de esa ultima reunión tuvo un ilustrador a la altura de las circunstancias. No fue la única representación pictórica, por supuesto, pero para los occidentales al hablar de la Ultima Cena no podemos dejar de asociarla con el fresco realizado por el gran Leonardo Da Vinci.
Es tal esa impronta estética en nuestra mente que como veremos a continuación artistas, diseñadores y también publicistas se valen de ella para contarnos algo nuevo sobre esa vieja y Ültima Cena.
Esta es la Última Cena de Luis Buñuel de su película Viridiana,

Esta es la de Los Soprano
Voy a seguir en otro momento porque incluir las fotos me tiene loco y tengo miedo de darle una patada a la computadora)f
domingo, 21 de marzo de 2010
Mario Bunge: "Ya no soy gorila"
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En un reportaje que le realizó Ricardo Carpena para la La Nación, el físico y epistemólogo se definió como ex-gorila y contó cuál era el espíritu que llevó a muchos de su generación a rechazar al peronismo. Me parece interesante porque ayuda a comprender el peronismo, sobre todo a aquellos que siguen repitiendo "Yo al peronismo no lo entiendo" como pose, en algunos casos, y también para esquivar cualquiera definición ideológica.
-¿Entonces dice que ya no es gorila?
-No, soy mono tití (risas). No soy ni gorila ni chimpancé.
-¿Y qué cambió en usted?
-Eramos tan apasionadamente antiperonistas que no fuimos capaces de hacer un análisis objetivo del peronismo. Más aún, usábamos categorías políticas europeas. Creíamos que el peronismo era una forma de fascismo. Y no lo es: es original, es un tipo de populismo. Creíamos también que Perón era bruto. Es falso. Era inteligente, no sólo habilidoso, y tenía cultura histórica, al fin y al cabo era profesor de historia militar en el Colegio Militar. Lo menospreciamos y por eso no lo entendemos. Gino Germani, que fue el fundador de la sociología moderna en la Argentina, se fue del país en 1966 y al año siguiente me visitó en Montreal. Le pregunté: "¿Por qué te fuiste de la Argentina? ¿Por la persecución? No -me dijo-, me fui porque fui incapaz de entender al peronismo. Todavía hoy no lo entiendo". Y es así: quien no entiende al peronismo no entiende el país.
-La incomprensión del peronismo es casi lógica, por ejemplo, cuando se ve que conviven la izquierda, la derecha, el centro.
- Sí, pero hay ciertos aspectos que son muy originales. Por ejemplo, Perón quiso modernizar la Argentina. También otros militares progresistas como el general Savio o como el fundador de YPF, el general Mosconi. El partido dominante, conservador, no quería modernizar nada.
jueves, 11 de marzo de 2010
Un cuento de Augusto Monterroso "El Eclipse", que explica mejor a los Mayas que muchos tratados.

.» - Si me matáis - les dijo - puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura. Los indígenas se miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén. Dos horas después, el corazón de Fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz del sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían los eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles...»
sábado, 27 de febrero de 2010
miércoles, 23 de diciembre de 2009
AVATAR
domingo, 29 de noviembre de 2009
Empanadas momificadas
viernes, 27 de noviembre de 2009
Tumores y Humores

Esas células oscuras saben juzgar sin jamás juzgarse a sí mismas porque ellas son el modelo y exigen que las otras células se conviertan en aquello para lo que no están preparadas, o sea, en células malignas. Es un circuito cerrado, es su cosmos patético y triste y, lamentablemente, es también su propia destrucción.
En general, la mayoría de las células puede evitar este ataque sin sentido, pero muchas veces logra turbar el orden basado en una armonía que tiende a la vitalidad y a la reproducción, o sea la alegría y la felicidad, sensaciones que la célula maligna desconoce, porque si tuviera alguna consciencia de lo que destruye en su avance por perturbar la vida, dejaría de hacerlo. Pero jamás lo hará. Así, cuando logra desbaratar el orden, la célula maligna logra su cometido y sumerge al conjunto en la apatía, el disparate, en una inercia de muerte que da inicio al tumor, la putrefacción y la muerte.

